Hay combinaciones que no necesitan presentación porque forman parte de nuestra memoria colectiva. Si te criaste aquí, el olor a chufas y el azúcar glass entre los dedos son el sinónimo oficial de que han empezado las vacaciones.
Pero al igual que nos pasa con el turrón, nos resistimos a pensar que la horchata y el fartó sean solo para el verano. Cuando un producto es sobresaliente, limitarlo al calendario es una pena.
¿Qué es un fartó?
Si acudimos al diccionario, la palabra fartó (en castellano no existe «fartón», aunque se oiga a menudo) viene de fart, de alguien que come mucho o tiene un apetito insaciable. Y tiene sentido, porque es un dulce pensado para saciar, pero sobre todo, para empapar.
El fartó es una barrita de pasta alargada, tierna y esponjosa, similar a la de la ensaimada. Se elabora con harina, agua o leche, levadura, huevos, aceite y azúcar, y se remata con una fina glasa de azúcar por encima. Nació en los años 60 en Alboraya de la mano de la familia Polo, que buscaba el bollo perfecto para mojar en la horchata: uno que fuera lo suficientemente absorbente y alargado como para llegar al fondo del vaso sin romperse. Y lo consiguieron.
Nuestro postre: fartó con helado de horchata
En nuestro postre, el fartó se sirve tierno, con ese punto justo de elasticidad que lo caracteriza. Lo acompañamos con un helado artesanal de horchata pura de chufa, que mantiene toda la intensidad, la textura vegetal y el dulzor justo de la bebida original.
La magia ocurre cuando el helado empieza a fundirse ligeramente y el fartó lo absorbe, recreando en el plato ese momento exacto en el que mojas el bollo en el vaso. Es un postre que apela directamente a la nostalgia.
Nuestra tierra tiene una despensa dulce increíble y reivindicarla es parte de nuestra identidad.
Si te apetece un viaje directo a los veranos de la infancia, lo tienes en nuestra carta de postres. Puedes reservar tu mesa haciendo clic aquí o pasarte a vernos a Venta de Posa, en La Xara.
